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Había una vez un pequeño león bebe que vivía en la selva junto con los demás leones. A pesar de ser muy pequeño, era muy fuerte y veloz, y tenía una quijada tan fuerte que con tan solo una mordida destrozaba las sogas que usaban para jugar.
Los demás leones pequeños lo molestaban ya que no parecía un león sino que parecía un pequeño e indefenso gatito, todos los días lo apartaban y le decían que no podía jugar con ellos ya que era muy pequeño y se haría daño.
Una tormentosa noche todos los leones estaban dormidos cuando de pronto llegó una camioneta lleno de cazadores, los cuales comenzaron a capturar a todos los leones que se encontraban dormidos. El pequeño león se escondió de los cazadores dentro de un viejo y seco tronco en donde se escondía para que los otros leones no lo molestaran. Todos los leones estaban asustados y no podían moverse ya que habían sido amarrados con unas largas sogas.
Mientras los cazadores preparaban la camioneta para marcharse con los leones capturados, el pequeño león salió de sus escondite y se acercó velozmente a los leones para poder ayudarlos, comenzó a morder las sogas y los leones comenzaron a ser levantarse. Los cazadores al ver cómo los leones se levantaban, subieron rápidamente a la camioneta y huyeron.
Todos los leones agradecieron al pequeño león y comprendieron que sin importar su tamaño y su delicado aspecto, era un gran y fuerte león.

El pequeño león

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